Ya hacía tiempo que no íbamos al mar, pero es que entre el trabajo y las tareas domésticas no hemos podido encontrar un hueco hasta hoy. El aparcamiento de la cala del Delta daba un poco de miedo por la cantidad de coches que en él había, pero sin duda ha merecido la pena caminar un buen rato para así poder encontrar un trocito de costa despejada. ¡Vaya sorpresa cuando nada más llegar nos hemos encontrado con Carlos! Anabel y yo hemos pasado una buena tarde con él, y a mi hasta me ha recordado a los buenos momentos que vivimos juntos en ese mismo lugar durante mi primer año en la isla. Hemos nadado, disfrutado de una buena conversación y visto el atardecer, ¿qué más se puede pedir?

Es alucinante la cantidad de seres vivos que se pueden observar en un entorno como ese con tan sólo dedicar un momento a su búsqueda. Justo al lado de nuestras toallas había un cangrejo que

aunque a priori parecía tímido, nos demostró lo poderosos que pueden ser los bocados de sus pinzas. En el agua hemos encontrado unas brillantes y anacaradas conchas de Oreja de Mar que pasarán a engrosar la colección de Anabel. Ya de vuelta multitud de escarabajos Blaps comenzaban su actividad crepuscular

buscando detritus con que alimentarse a la vera del camino.
Lo mejor de la tarde: la sensación de paz y la conversación en buena compañía. Lo peor: un señor ensartando peces diminutos con un fusil en zona de Reserva Marina.
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