jueves, 21 de agosto de 2008

Menorca Preciosa

Este puente de Agosto ha sido realmente increíble. Anabel y yo hemos dado un salto a la vecina isla de Menorca y aunque ya hace cuatro días que estamos de vuelta, aún corre por nuestras venas la enorme dosis de naturaleza en estado puro que allí hemos respirado. Sin duda que nada tiene que ver con Mallorca o con Ibiza, y es que afortunadamente este rincón del archipiélago ha sabido burlar el así denominado proceso de "balearización", esto es, la destrucción despiadada e incontrolada del medio litoral en favor de un turismo masivo sin perspectivas de sostenibilidad. Tan rápidamente nos cautivo Menorca que nuestros planes iniciales de recorrerla entera se quedaron únicamente en la exploración de una pequeña porción de la zona norte. Y es que la isla da para muchos días de placer si lo que se pretende es saborear lentamente cada uno de sus encantos. A pesar de estar en temporada alta, no tuvimos ningún problema en hallar enclaves tranquilos donde relajarnos y disfrutar, lo que da una idea de lo apacible que debe ser el lugar en otras épocas del año.

La mitad norte es geológicamente distinta al conjunto formado por la mitad sur y el resto de Baleares, ya que sus materiales proceden del continente europeo y son principalmente de naturaleza silícea, lo que confiere un aspecto especial a sus montes, calas y fondos marinos. El agua es increíblemente transparente, y es fantástico entrar en ella para encontrarse de cara con un enorme banco de pequeñas barracudas o una pareja de meros entre las rocas junto a la orilla. Sus acantilados nada tienen que envidiar a los de otros lugares del mundo, siempre vigilados por los infatigables faros que señalan a los navegantes dónde termina el gran azul y comienza este paraíso. Ya no recordaba que hubiese tantas estrellas en el cielo, y es que las tres noches durmiendo al raso con eclipse parcial de luna incluido han sido de lo mejor. La primera de las noches se nubló y sobre el mar se desplegó un magnífico espectáculo eléctrico que duró varias horas. A la mañana siguiente observé un objeto blanco que se desplazaba de oeste a este sobre el agua unas cuantas millas mar adentro. La extraña forma alargada de éste me hizo tomar una fotografía que me sorprendió gratamente cuando la observé ampliada en la pantalla del ordenador. Todo apunta a que se trataba de dos tornados sobre el mar, que a juzgar por la distancia a la que se encontraban y por el tamaño que mostraban, debían ser de una intensidad considerable.

Aunque el durante estos cuatro días hemos sido unos verdaderos cavernícolas, cabe mencionar que nuestro escaso contacto con la civilización también nos ha reportado alegrías. Y es que nuestra visita ha coincidido con las fiestas de Sant Climent, donde además de disfrutar de una deliciosa pomada, pudimos participar en la tradicional fiesta del Jaleo. Jamás olvidaremos la sensación de estar debajo de los caballos menorquines mientras éstos se sostenían sobre sus cuartos traseros, al tiempo que los Caixers trataban de controlarlos sobre su grupa entre la multitud. ¡Ya hemos comprado nuestros billetes para regresar el mes que viene a Menorca!

2 comentarios:

Unknown dijo...

En septiembre menorca II, la continuación. Por cierto voy a hacer controles de fotos, jejje.
Un abrazo.

Vicente dijo...

Ehi tio!!, que bien que te lo montas tron... a ver si voy a tener que ir a verte pa que me lleves a esos sitios que dices..
un abracico