domingo, 3 de agosto de 2008

Mañana de sábado en el Port d'es Canonge

No hay mejor forma de aprovechar un fin de semana estival en Mallorca que yéndose al mar. Ahora en Agosto la mayoría de las calas de la isla están rebosantes de bañistas, y a veces se hace muy complicado encontrar un rincón apacible donde poder relajarse y desconectar. El Port d'es Canonge es todavía uno de esos lugares, y si además tienes la suerte de que el agua esté un poco agitada como lo estaba ayer, mayor garantía de tranquilidad aún. La angostura y sinuosidad del camino queda con creces compensada con la magnífica oportunidad de descender por la vertiente noroeste de la Serra de Tramuntana, donde el olor de los pinos mediterráneos se mezcla con el frescor que resiste al verano bajo la sombra de los extensos parches de encinar. Una vez junto al mar, y tras haber puesto la nevera a la sombra, lo siguiente es calzarse las aletas y sumergirse en un refrescante baño salado. Nada más entrar en el mar encontré una concha de sepia en el fondo, que a juzgar por sus 20 centímetros de longitud debió pertenecer a un animal de considerable tamaño. Las sepias, al igual que la mayoría de cefalópodos, son unos moluscos peculiares ya que a lo largo del proceso evolutivo su concha ha adquirido una disposición interna. He tenido la suerte de poder bucear en varias ocasiones junto a sepias y es realmente increíble la facilidad con la que en cuestión de segundos cambian los patrones de coloración en función de su estado de ánimo y del sustrato que les circunda. En el fondo también había multitud de cangrejos ermitaños refugiados en las conchas de moluscos vacías que encuentran y hacen propias. Las rocas de la zona intermareal estaban tupidas por una colonias de crustáceos cirrípedos de la familia Balanidae, grupo comúnmente conocido como percebes. Basta adentrarse un poco en el mar para constatar que el Port d'es Canonge conserva vastas extensiones de Posidonia oceanica, entre las que crecen las enormes Pinna nobilis, un formidable molusco bivalvo en peligro de extinción y protegido por la ley. Es por tanto esta cala un lugar singular que merece la pena cuidar y conservar. Después de haber comido y tomado un poco el sol, toca regresar a casa.
Lo mejor del día: estar con Anabel lejos de la ciudad disfrutando tranquilamente del mar.
Lo peor: electrodomésticos viejos y basura amontonada junto al bosque en varios puntos de la carretera que baja al Port, que con poco esfuerzo por parte del Ajuntament de Banyalbufar podrían ser retirados en media mañana.

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