domingo, 10 de agosto de 2008

A 20 metros bajo cero

Esta tarde he ido con mi hermano a ese lugar que nosotros denominamos "el Ñusco", un verdadero paraíso submarino muy cercano al Cap de Sa Mola, en el extremo occidental de la isla de Mallorca. En el Ñusco el agua tiene un azul diferente, con un tono profundo y misterioso que te cautiva incluso antes de saltar al agua. Es este un sitio muy apropiado para la práctica de la apnea, pues además de ser un paraje tranquilo la profundidad del fondo alcanza unas cifras considerables. Ahora en el mes de Agosto la temperatura del agua no es demasiado baja y el traje corto de tres milímetros es más que suficiente. Una vez equipados con traje, escarpines, aletas, máscara, tubo, cinturón de plomos y por supuesto, la boya de señalización, nos desplazamos a nado hasta una zona adyacente a los acantilados de Sa Mola. Por el camino nos cruzamos con un banco de jóvenes barracudas que nadaban en sincronía muy próximas a la superficie. Casi al instante apareció un ejemplar de Cotylorhiza tuberculata, para mi gusto una de las medusas más bonitas que navegan en nuestras aguas. Al fin llegamos a un sitio que parecía apropiado para descender y liberamos los 20 metros de cabo plomado que llevamos en la boya. El extremo ni siquiera toca el fondo, por lo que la inmersión prometía. Bajé yo en primer lugar y me llamó la atención la gran cantidad de peces que esta tarde pululaban por allí. Tras alcanzar unos 25 metros me detengo para disfrutar del paisaje, de la sensación tan placentera de silencio y presión que hay bajo el agua. La visibilidad era muy buena y los rayos del sol llegaban hasta allí. Hora de subir y dar el relevo a Chico. En total hemos hecho unas diez inmersiones profundas cada uno, con algún que otro calambre en las piernas de regalo. Regresamos poco a poco porque el mar estaba agitado en aquella zona debido principalmente al paso de las grandes embarcaciones. A la vuelta observamos un grupo de castañuelas (Chromis chromis) densamente agrupadas en un punto del fondo, y al parecer con bastante hambre pues estaban atacando a un grupo de alevines de su propia especie. Estos alevines son unos peces muy llamativos que se caracterizan por tener el cuerpo de un color violeta muy brillante. Muy cerca de allí otro banco de barracudas se divide en dos ante nuestra presencia. Un par de inmersiones más, y salimos a secarnos al sol tranquilamente mientras conversamos. Resumiendo, una tarde fantástica con una persona genial. ¡Ya estoy deseando de que llegue la próxima!

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